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Desigualdad y educación en la primera infancia, ¿qué relación hay entre ellas?

La desigualdad en la educación es el acceso inequitativo a recursos como libros, equipamiento, clases, docentes calificados, talleres variados, buenas instalaciones escolares y financiamiento. La desigualdad se basa en un gran número de factores: la economía, la perspectiva de género, políticas del gobierno, localización, cultura, origen étnico y creencias, entre otras. El resultado de la desigualdad es que las personas afectadas se mantendrán marginadas de buenas oportunidades futuras por no haber podido acceder a un proceso de aprendizaje exitoso.

Según datos de 2017, Chile tiene uno de los índices más altos en desigualdad educativa entre los países de la OCDE, expresado en el índice Gini con un 0,503 . Dicho de otro modo, los ingresos del 10% más rico del país son 26 veces más altos que los ingresos del 10% más pobre en Chile; una cifra que es señal de alarma. Hasta el año 2020 en Chile había más de 186 mil niñas, niños y jóvenes de entre 5 y 21 años que abandonaron el sistema escolar (Fuente. Mineduc).

En el mundo, seis de cada diez niños son incapaces de leer y comprender un texto sencillo a la edad de diez años. Proporcionar igualdad de oportunidades a todos los niños y todas las niñas de corta edad, mediante el acceso a una atención y educación de la primera infancia de calidad, es el primer paso fundamental con miras a eliminar las disparidades arraigadas en los resultados de la educación y los medios de subsistencia.

La inclusión debe comenzar en los primeros años, momento en el cual se sientan las bases para el aprendizaje permanente y se forman los valores y actitudes fundamentales. Es durante la primera infancia cuando surge la desigualdad en el aprendizaje y en otros aspectos del desarrollo infantil. Es por esto que las iniciativas de inclusión educativa deben comenzar en la etapa preescolar.

A pesar de las pruebas fehacientes que demuestran los beneficios de la atención y educación de la primera infancia, los nuevos datos recopilados por la UNESCO muestran que 1 de cada 4 niños de 5 años no ha recibido nunca ningún tipo de educación preescolar. Esto representa 35 millones de los 137 millones de niños y niñas de 5 años en todo el mundo.

Las iniciativas de inclusión educativa deben comenzar mucho antes de la etapa escolar ya que son las consecuencias son inmensas.

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  • Durante sus primeros seis años, el cerebro  desarrolla su “alambrado”, y del estímulo que se le de depende el desarrollo de su audición, vista, olfato, destrezas sociales y salud físicas, emocionales y mental.
  • El tiempo durante el cual se desarrolla la enseñanza inicial es entonces un período sensible que es una “ventana de oportunidad” en la que el cerebro está mejor y más dispuesto a ciertos estímulos y en condiciones especiales para aprender.
  • La educación inicial brinda oportunidades de convivencia, aprendizaje, así como la formación de individuos autónomos, responsables, críticos. Ofreciendo lo mismo para todos de acuerdo a las necesidades propias.
  • Relacionarse con otro da al niño una serie de aprendizajes paralelos como el respeto, la comunicación, la esperar y compartir. Lo anterior contribuye enormemente a su desarrollo y abren las primeras puertas para el inicio de la escolaridad.
  • Permite que los niños se desenvuelvan en espacios seguros, con adultos especializados para entregar los aprendizajes necesarios. Que a su vez favorece que los padres puedan compatibilizar roles en el hogar y en el trabajo.

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