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La importancia de la educación parvularia en los primeros años

Mayo 11, 2016

La neurociencia ha demostrado durante años que la edad infantil es el momento más propicio para el desarrollo de los aprendizajes, ya que en esta etapa de la vida el cerebro se encuentra en un estado de adaptabilidad y maleabilidad incomparable con otros momentos vitales.

Los 6 primeros años de vida de las personas son esenciales en su desarrollo y aprendizaje y se convierten en la base de lo que podrán ser y aprender a lo largo de toda la vida. Cuando se alienta y favorecen las condiciones para que los niños jueguen y exploren, ellos aprenden y avanzan en su desarrollo social, emocional, físico e intelectual. El juego cumple un rol fundamental en el aprendizaje en este sentido, ya que es la forma que tienen los niños de relacionarse con el mundo y aprender.

Durante los primeros años de vida, el cerebro alcanza su máximo desarrollo a partir de la construcción de estructuras cognitivas y afectivas que son fundamental para su crecimiento futuro. Es decir, la maduración del cerebro y del sistema nervioso de los niños dependerá del cariño, estímulo y cuidado que reciban de los adultos. Cuando esto no ocurre, el niño o niña corre el riesgo de sufrir daños en las distintas funciones mentales del cerebro, las cuales son necesarias para asegurar el aprendizaje, adaptación del entorno y participación en las relaciones interpersonales basadas en el respeto y en la producción de cuidados.

En relación a lo anterior, la protección y el buen trato deben ser un eje fundamental en los establecimientos de educación inicial: “Fomentar y promocionar el buen trato en todas las acciones orientadas a niños y niñas menores de tres años es fundamental, ya que éste es el período de mayor vulnerabilidad física, afectiva y cognitiva, donde el niño necesita de mayores estímulos y espacios favorables para su adecuado desarrollo” explica Iris Vargas, psicóloga infantil.

Los beneficios de la educación parvularia

Una educación parvularia de calidad entrega beneficios para los niños en todos los ámbitos de su desarrollo, aportando aprendizajes relevantes para toda la vida; éstos se pueden organizar de diferentes maneras, la más común refiere al desarrollo del pensamiento, el lenguaje comprensivo y expresivo, la comprensión e interacción social, el desarrollo emocional y las habilidades de movimiento. Para potenciarlos es necesario que las oportunidades que se les otorguen respondan a sus características, necesidades e intereses, los cuales cambian a lo largo de la etapa de educación parvularia y se basan en el juego, la interacción social, la exploración sensorial, la experimentación, el movimiento y la expresión.

Un niño que vive la experiencia de la educación parvularia, que aprende a convivir con otros en comunidad, que participa y configura normas de convivencia para compartir y construir espacios de encuentro con otros actores distintos a su familia, logra desarrollar vínculos de confianza férreos, que le permiten confiar en los demás, y tomar desafíos, los que le permiten explorar su potencial de aprendizaje

— afirma Giannina Reyes, Coordinadora de Programas Educativos de Vitamina
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Así, el niño va conociéndose y conociendo a otros, va identificando sus fortalezas y las de los demás, va reforzando su autoestima y el cariño por quienes le rodean. Aprende además a resolver conflictos en formas no agresivas, y a utilizar el consenso y el respeto como forma de resolución: todo lo anterior le permite confiar en sus propias capacidades, y a formar un autoconcepto positivo.

Adicionalmente, esta es una etapa en que el aprendizaje social es fundamental; sus componentes, organizaciones y dinámicas, son parte de lo que ellos pueden y manifiestan interés por aprender.

Otro pilar fundamental para facilitar el desarrollo de los niños son los padres y educadores. Su participación resulta fundamental en el proceso de aprendizaje de los niños, ya que ellos son los encargados de favorecer y entregar las bases para que los niños tengan las oportunidades de aprender y enfrentar nuevos desafíos al momento de ir al colegio.

Proceso de preparación para la educación escolar

Un niño que ha vivido la experiencia de la educación parvularia adquiere y desarrolla una serie de habilidades que le permiten interactuar con el mundo de forma distinta a la que lo hace un niño que no ha tenido la oportunidad de vivir dicha experiencia. De hecho, hay estudios que indican que los resultados en Matemáticas y Lenguaje durante la enseñanza Básica, de los niños que asistieron a Jardín Infantil, son superiores a los de los niños que no lo hicieron.

En concreto, en el lenguaje, un niño que asiste a Jardín Infantil y que interactúa con modelos de lenguaje desafiantes, desarrollará un lenguaje más avanzado, en comparación con el de un niño al que le “interpretan” todo en su hogar, y que necesita comandos básicos para obtener fácilmente lo que necesita.
Así mismo, es especialmente importante el impacto que tiene el desarrollo de habilidades sociales de convivencia y autonomía que se potencian al participar en educación infantil para la inserción en la etapa escolar, las que se construyen sobre un sentido de identidad que se desarrolla en la primera infancia.

Los niños requieren de espacios educativos lúdicos y seguros que les permitan compartir con otros, explorar, crear y desarrollarse. El cariño y buen trato en todas las acciones orientadas a niños y niña es fundamental. En todo centro educativo los padres deben tener acceso permanente al lugar, poder permanecer en distintas instancias de la jornada, para ver la rutina y las actividades que se realizan y conocer a las personas que van a interactuar con el niño.

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