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El poder del juego en el aprendizaje

Septiembre 12, 2016

Al hablar del juego, generalmente se nos viene a la mente la imagen de un niño sonriente, realizando alguna actividad como patear una pelota, hablar con su muñeca o correr por el pasto. El valor del juego radica justamente en que genera felicidad, refleja un involucramiento voluntario y al mismo tiempo es una valiosa experiencia de aprendizaje.

Para crecer en condiciones favorables, los niños necesitan del juego como una manera de aprender y desarrollar todo su potencial físico, emocional e intelectual. En relación a este tema, Sylvia Lavanchy, Asesora Educacional de Salas Cuna y Jardines Infantiles Vitamina, señala que “El juego se reconoce plenamente como una actividad placentera y por ende natural y propia de los niños. Cada niño al momento de jugar pone en práctica lo que comprende de la realidad, lo cual nos permite situar el juego como un ‘barómetro’ de lo que el niño es y sabe”.

El juego es sin duda la principal forma en que los niños se relacionan con su entorno, en este su exploración, conocimiento y vinculación con el mundo, es cada vez más rico. Sylvia Lavanchy plantea que “…el juego, da a los niños la posibilidad de resolver problemas tanto prácticos como sociales, siendo una interpretación de lo que les pasa y un reflejo de lo que observan y han aprendido”. Esta resolución de problemas integra lo social, y lo traspasa a la búsqueda y propuesta de soluciones prácticas que luego le serán útiles en la vida cotidiana. Por ejemplo, cuando se rompe un elemento que un niño usa para jugar, tiene la necesidad de buscar distintas alternativas para arreglarlo y en ese proceso crea: prueba con pegamento, luego lo amarra con un hilo y después decide pegarlo con cinta adhesiva, mostrando su conocimiento y resolución al respecto.

La búsqueda de soluciones a los problemas en los juegos, desarrolla el pensamiento de los niños. Así también, el juego permite acercarse y entrar a los distintos “mundos” de conocimiento: comunicación y lenguaje, movimiento, matemático y natural. Por ejemplo, cuando los niños juegan a “poner la mesa” necesitan de habilidades matemáticas que les permitan poner tantas cucharas como niños hay. Otro ejemplo de estas situaciones, es cuando un bebé explora mediante el juego un sonajero, descubriendo en él, características de forma, color, tamaño, entre otras, e incentivando el conocimiento del mundo natural a través de objetos que rodean a un niño durante sus primeros meses de vida.

¿Cómo apoyamos los juegos de nuestros niños?

En cada juego en que se involucran uno o más niños, los adultos estamos invitados a ser un participante más, que lo amplía y enriquece por medio de comentarios, preguntas y verbalizaciones propias de la situación, favoreciendo que los niños puedan ir más allá de lo que saben.

Como adultos, debemos promover que los niños jueguen y aprendan de y en su entorno, explorándolo con seguridad y confianza. Por esto, es fundamental preocuparnos de los espacios que les ofrecemos, en sus casas, centros educativos y en el exterior, asegurando que puedan interactuar con diversidad de elementos, situaciones y personas que los inviten a jugar, acojan su juego y sean un aporte a ellos. En relación a esto Sylvia Lavanchy, nos plantea que “…debemos crear un ambiente adecuado, en que los niños puedan tener la posibilidad de llevar a cabo sus juegos, y acompañarlos jugando con ellos y compartiendo roles sin imponerles cómo hacerlo. Por último y muy importante, debemos crear un ambiente afectivo adecuado, donde los niños se sientan seguros e invitados a jugar”.

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