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Compatibilizar vida familiar y laboral

Mayo 05, 2016
El desafío de las madres trabajadoras.

Según el INE, entre los años 2010 y 2015, la participación laboral femenina ha crecido un 9,5% en Chile, alcanzando un 41% de la fuerza de trabajo del país. Este incremento obliga a las madres trabajadoras a buscar alternativas en el cuidado de sus hijos para así poder desenvolverse en el mundo laboral. Las mujeres que permanecen fuera del mercado laboral, un 37% indican razones familiares para no trabajar, mientras que un 18% menciona específicamente motivos relacionados al cuidado infantil.

La maternidad puede ser una de las experiencias más gratificantes que una mujer puede vivir, sin embargo a las dificultades propias del este proceso, cambios físicos, emocionales y psicológicos, se suma el sentimiento de culpa de las mujeres trabajadoras al tener que volver a su ambiente laboral y pasar menos tiempo con su hijo delegando responsabilidades ligadas a la crianza a su red de apoyo o a salas cunas y jardines infantiles.

Las aprehensiones que tienen las madres al momento de regresar al trabajo se centran principalmente en las implicancias que puede tener la considerable disminución de horas diarias que pasan con sus hijos y cómo esto afecta en el cuidado infantil. La elección de un buena sala cuna o jardín infantil, con sus horarios y nivel de servicio respectivo, pasa a ser un factor trascendental que repercute en la posibilidad de acceder al mercado laboral y poder dedicar el tiempo que se requiere al trabajo sin tener la preocupación continua del cuidado del hijo.

Jardín Infantil; un espacio de exploración y aprendizaje.

Un estudio realizado por la Pew Research Center, publicado en New York Times, indicó que además de los beneficios económicos, los niños también tienen ventajas sociales y educativas cuando sus madres trabajan y ellos asisten a un establecimiento educacional pre-escolar. Esta tesis se complementa con la postura de la fundación Educación 2020 que afirma que el jardín infantil, con sus educadoras de párvulos y técnicos y asistentes de sala, cumplen un rol muy importante en el desarrollo cognitivo, psicomotor y socioemocional de niños y niñas, ya que posibilitan un tránsito armonioso entre la autonomía y la contención que todo niño/a requiere para sentirse seguro en un espacio que le es nuevo.

En salas cuna y jardines infantiles, la seguridad es uno de los aspectos más valorados por los apoderados. La práctica de puertas abiertas, es decir, que los padres puedan ir a ver en todo momento a sus hijos, es una señal que da confianza y ayuda a que el proceso de adaptación se realice de manera gradual.

Para Claudia Lagos, directora de Pedagogía en Educación Parvularia de la UDP, es muy importante que los apoderados tengan acceso permanente al lugar, conozcan a las personas que van a interactuar con el niño, que puedan permanecer en distintas instancias de la jornada para ver la rutina y las actividades que sus hijos realizan. “Hay que conocer el proyecto educativo, el nivel formativo de quienes estarán a cargo del niño, la dinámica del jardín, y todo aspecto que a los padres les parezca relevante”, enfatiza.

El derecho a Sala Cuna

El aumento de participación laboral femenina también ha hecho que paulatinamente las empresas busquen mecanismos que permitan equilibrar la vida familiar con el desempeño laboral de sus trabajadoras. A lo anterior se suma que gracias a la legislación vigente en materia laboral, todas las madres que trabajan en organizaciones con más de 20 mujeres, tienen derecho a llevar a sus hijos a una Sala Cuna, entre los 0 y 2 años de edad.

La Dirección del Trabajo ha establecido a las empresas el cumplimiento de proporcionar sala cuna a sus trabajadoras de tres posibles maneras: ya sea creando y manteniendo una sala cuna anexa al local de trabajo, creando y manteniendo una sala cuna en común con otros establecimientos de la misma área geográfica o pagando directamente los gastos de sala cuna al establecimiento que la mujer trabajadora lleve a sus hijos.

Como la ley impone al empleador por una parte el pago de los gastos de los pasajes por el transporte empleado para la ida y regreso del menor al respectivo establecimiento y el de los que deba utilizar la madre durante el permiso concedido para alimentar al hijo, y por otra, la ampliación del permiso utilizado por la trabajadora agregando el tiempo necesario para el viaje de ida y vuelta, una elección racional debería ser buscar la sala cuna más cercana al lugar de trabajo, así el empleador reduce los gastos asociados y las madres pueden reducir las distancias y los tiempos de movilización, además de tener la tranquilidad de estar cerca de sus hijos.

Cuando para las mamás el cuidado de sus hijos deja de ser una preocupación, ellas pueden pensar en otras cosas. Saber que los niños están bien permite que trabajen más tranquilas y, en definitiva, les entrega libertad para pensar en otras cosas sin la ansiedad e incertidumbre de no saber cómo están los hijos

— Afirma Alejandra Cortázar, doctora en Educación y Máster en Psicología del desarrollo.

 

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